BANDERA CANARIA BAJO EL MAR

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sábado, marzo 03, 2012


BOSSI, EL ENANO GIGANTE

 Bossi sufre, está triste. Piensa que la Naturaleza le ha maltratado. ¡No seas desagradecido!, le recrimina una vocecita interior. Es y se siente pequeño. ¡La hormiguita atómica!, le llamaban sus amigos. ¡Simpáticos los niños!, comenta solito en la cama.

 Cada vez se siente más pequeño. Se cree un garbancito como el del cuento. Una vaca gigantesca se le acerca. ¡Está perdido! ¡No se salvará! ¡Corre! ¡Más deprisa, más deprisa.! ¡No puede más! ¡Se lo tragará!

Se despierta sudando, temblando, con los ojos a punto de salírseles de las órbitas. Mira a través de los cristales de la ventana. Queda embebido con el campo recién pintado de primavera y eso le va animando. Ya más tranquilo se pone a leer los titulares de los periódicos. ¡Bossi ha sido el héroe del partido! Esto le hace crecer en estatura ¡Gigantesca la hormiga atómica! Crece aún más.

 Al salir de su casa para ir al partido se despide de su madre con un beso. ¡Te cuidadito Bos, no te des en la cabeza con la puerta al salir! ¡Vale, mama! Llega al estadio tres horas antes del partido. Se mete en el vestuario solo. Le surge de nuevo el miedo. Va  encogiéndose. Se convierte nuevamente en una hormiga.

 Llegan sus compañeros de equipo. Apenas le ven de tan pequeñito que se ha hecho. ¡Eh, anímate, hormiga atómica!, le dice Leoncio Africano. No le hace ninguna gracia la broma del mono ese, a pesar de que era su mejor amigo.

 Salen al estadio todos los componentes del equipo. El va el último. Nadie lo ve. Empieza el partido. Ya se le va distinguiendo cada vez más. Va creciendo. Regatea a uno, dos, tres, cuatro… Hace una serie de paredes con Leoncio, Cabecita Pelada, Suave como la Seda… Va recibiendo aplausos y eso le hace acrecentar cada vez más. Roba una pelota en el medio campo, y va driblando contrarios, uno, otro, otro… Le queda sólo portero, está un poco lejano e intenta taparle. Le hace una vaselina prodigiosa. ¡Goool, goool, goool! En el estadio se desata el éxtasis, la locura. Se oye: ¡Gigante, gigante, gigante! Bossi va creciendo alcanza la altura de las gradas. Termina  sacando su cabeza un poco fuera del estadio. Todos quieren tocarlo. Las quinceañeras se le tiran encima histéricas. Es fuerte y lo soporta todo.

Termina el partido se queda en el campo. No cabe por la puerta que lleva a los vestuarios. Piensa en su situación. Se pone un poco triste. No le gusta ser tan diferente. Se vao desinflando poco a poco. Se convierte en pequeño de nuevo. Cree que no es tan chiquito cómo una hormiga ni tan grande como un gigante. Simplemente hace unos regates y marca unos goles. Piensa aceptarse como Bossi el pequeño y que por sí mismo es valioso. Bueno, de vez en cuando le gustaría convertirse en un gigante para dar de merecer a algún pesado bromista que le llama: ¡Hormiga atómica! ¡Ja, ja cómo se va a reír de Leoncio el Africano y de Cabecita Pelada!, que por cierto son sus mejores amigos.
FÉLIX MARTÍN ARENCIBIA