BANDERA CANARIA BAJO EL MAR

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lunes, junio 19, 2017

AHÍ ESTÁ EL SEÑOR GUAYDIL



“Ahí está el señor guaydil…”
 
Ahí está el señor guaydil
que se despierta sereno
sobre sobre su trono rocoso.
Se abre a nuevas luces
albas de un presente
un tanto incierto.

Abajo, en sus raíces
clavadas en la roca,
pincelan los colores
de una vieja bandera
sin país ni razón de ser.

Enciende sus faroles
sobre una pared destartalada
hecha con piedra del tiempo
que pasó y se hace ahora
para poder adivinar
ese nuevo mañana
que quizás será.

Crece, se yergue, alumbra
El camino de los andantes
puede que algo distraídos
bajo las monotonías
que les atrapan.

Mayo-2017
“Experimentos de alisios”
Félix Martín Arencibia

MELODÍA DE REALIDADES...



“Mañana filtrada...”

Mañana filtrada
por cortinas.
Espera ahí fuera
cantando
con el mirlo,
capirote, canario…
Melodías
de realidades
imposibles
o puede
que posibles.

Félix Martín Arencibia
“Experimentos de alisios”
Mayo-2017

lunes, junio 12, 2017

VUELOS DE AUSENCIAS DE PÁJAROS TRANSPARENTES



“Cenizas de miedos
infantiles lejanos...”


Cenizas de miedos
infantiles lejanos.
Palmeras mecidas
por alisios liberadores.

Ruedas de coches
arañando el asfalto
sobre su lengua
un tanto amargosa.

Vuelos de ausencias
de pájaros trasparentes
sobre las sonrisas
desesperanzadas
sostenidos en celestes
semiocultos.

“Experimentos de alisios”
Mayo-2017
Félix Martín Arencibia

FUEGOS QUE ENCIENDEN ROJOS BOSQUES




AMIGAS-AMIGOS SE AGITAN LAS CUMBRES DE LA CONCIENCIA...

Fuegos que encienden
los rojos bosques...”

Fuegos que encienden
rojos bosques.

Se agitan las cumbres
de la conciencia
tal vez alerta.

Las olas y las arenas
juegan a repartirse
la joven alegría.

A veces se le escapan
por las rendijas
aquellos grises
algo entristecidos.


Mayo-2017
Experimentos de alisios”
Félix Martín Arencibia










viernes, junio 02, 2017

DESAMOR DE ESQUELETO





"Desamor de esqueleto"

Va y viene, sube y baja
ríe y llora su futuro
aún desconocido.

Se arrepiente,
deja que nazca
la luz en su vientre.
Puede ser alcanzado
por la melancolía.

Amor hierba tierna,
amor de árbol centenario,
desamor de esqueleto.

Satán se revuelve
en el corazón humano
dejándolo bajo dominio
de un mundo insensible.
Tal vez recupere
su aliento.

MAYO-2017
"Experimentos de alisio"
Félix Martín Arencibia

lunes, mayo 15, 2017

VUELOS DE PALMERAS NEGRAS




Vuelos de palmeras negras
sobre las nubes de mis manos

Vuelos de palmeras negras
sobre nubarrones
de mis manos blancas
que las esperan ansiosas.

Miedos de nostalgias
de dragones algodonosos
un tanto oscuros.

Huecos azules desparramados
que conservan mi alegría
escondida entre brillos de maguas.

Siluetas que vuelan
a ritmo de trompeta
quizás desafinada.

Una hoja se asoma a mis ojos
encendida entre frases
tal vez llenas curiosidad.

Manos quieren tocar
la intocable belleza
de la palmera canaria.


"Experimentos de alisios"
 
Félix Martín Arencibia
Mayo 2017

viernes, mayo 05, 2017

EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR (2)

EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR (2)


Una vez más, y ya he perdido la cuenta, renace otro día gozoso inundado de luz, azules, los verdes de nuestras plantas y el color de la hierba que se ha ido secando. Este último indica indica que el verano ya está a la vuelta de la esquina y nos espera con los brazos abiertos. Igual más adelante nos dará un abrazo de asfixiante de oso con una calima y una ola de calor, este año se han producido unas cuantas. Por ahora, una suave brisa acicala las melenas de las palmeras que se muestran un tanto engreídas. Quizás, también algo picaronas, para conquistar a algún otro vecino arbóreo como puede ser un pino, una araucaria… La vida en la naturaleza es algo más complicada que lo que parece, amigas y amigos.


Me encuentro un tanto pletórico y un cierto cosquilleo en el estómago me anima a realizar un vuelo un poco más largo que los anteriores. Saco mis alas plegables, las sacudo para quitarles algo de polvo o humedad que se les haya adherido y remonto al golpito el vuelo. Cojo la máxima altura y contemplo la isla, una vez más con su hermoso traje resplandeciente. Por momentos sus reflejos me obligan a cerrar los ojos, pero por décimas de segundo, luego sigo disfrutándola. Más allá, a lo lejos, el sol está asomando su cara un tanto sonriente y parece guiñar un ojo con algo de picardía. Cualquiera sabe la razón del simpático gesto. Puede incluso que sea invención mía, una especie de celaje. Mi dirijo hacia él atraído como por un imán, sí, de esos que salen de mi imaginación con algo de herrumbre y todo. Me dejo llevar por las corrientes de aire. Ahora me produce algo más de placer. Mi vuelo se hace cada vez más rápido. Ya estoy en pleno Atlántico, el océano misterioso que albergó parte de la mítica Atlántida. Unas toninas saltan bajo mi silueta, parece que intentan agredirme, pero casi estoy seguro que solamente se trata de un juego. 

Allá, a lo lejos, contemplo un grupo de gaviotas, armando un cierto escándalo, como ya es costumbre en ellas. Ahora veo surcar barcos de pasajeros y de carga reflejando una cierta gama de colores hacia los espejos del cielo, que no son por cierto de cristal aunque a veces nos lo parecen. Aparece una isla ante mi vista. Parece un esqueleto alargado, plano, solo con algunas montañas salpicando su cuerpo. Ah, es Fuerteventura, la mítica y primitiva Erbania. La sobrepaso rápidamente, aunque no me falten las ganas de bajarme. Paso el islote de Lobos, que no tiene lobos, puede que cuando tenga tiempo les explique tal contradicción.

Félix Martín Arencibia


 

EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR


EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR

Una vez más, y ya he perdido la cuenta, renace otro día gozoso inundado de luz, azules, los verdes de nuestras plantas y el color de la hierba que se ha ido secando. Este último indica indica que el verano ya está a la vuelta de la esquina y nos espera con los brazos abiertos. Igual más adelante nos dará un abrazo de asfixiante de oso con una calima y una ola de calor, este año se han producido unas cuantas. Por ahora, una suave brisa acicala las melenas de las palmeras que se muestran un tanto engreídas. Quizás, también algo picaronas, para conquistar a algún otro vecino arbóreo como puede ser un pino, una araucaria… La vida en la naturaleza es algo más complicada que lo que parece, amigas y amigos.


Me encuentro un tanto pletórico y un cierto cosquilleo en el estómago me anima a realizar un vuelo un poco más largo que los anteriores. Saco mis alas plegables, las sacudo para quitarles algo de polvo o humedad que se les haya adherido y remonto al golpito el vuelo. Cojo la máxima altura y contemplo la isla, una vez más con su hermoso traje resplandeciente. Por momentos sus reflejos me obligan a cerrar los ojos, pero por décimas de segundo, luego sigo disfrutándola. Más allá, a lo lejos, el sol está asomando su cara un tanto sonriente y parece guiñar un ojo con algo de picardía. Cualquiera sabe la razón del simpático gesto. Puede incluso que sea invención mía, una especie de celaje. Mi dirijo hacia él atraído como por un imán, sí, de esos que salen de mi imaginación con algo de herrumbre y todo. Me dejo llevar por las corrientes de aire. Ahora me produce algo más de placer. Mi vuelo se hace cada vez más rápido. Ya estoy en pleno Atlántico, el océano misterioso que albergó parte de la mítica Atlántida. Unas toninas saltan bajo mi silueta, parece que intentan agredirme, pero casi estoy seguro que solamente se trata de un juego. Allá, a lo lejos, contemplo un grupo de gaviotas, armando un cierto escándalo, como ya es costumbre en ellas. Ahora veo surcar barcos de pasajeros y de carga reflejando una cierta gama de colores hacia los espejos del cielo, que no son por cierto de cristal aunque a veces nos lo parecen. Aparece una isla ante mi vista. Parece un esqueleto alargado, plano, solo con algunas montañas salpicando su cuerpo. Ah, es Fuerteventura, la mítica y primitiva Erbania. La sobrepaso rápidamente, aunque no me falten las ganas de bajarme. Paso el islote de Lobos, que no tiene lobos, puede que cuando tenga tiempo les explique tal contradicción.























Félix Martín Arencibia

martes, mayo 02, 2017

DESDE BANDAMA




Santa Brígida desde Bandama (Gran Canaria)
BANDAMA

Bandama
oteo la tristeza
envuelve belleza
del paisaje
íntimo penetra
corazón
grises, azules,
verdes serenos.
Fuegos
prenden
interior
montañas
volcanes
siglos
fosilizados
tiempo.

Félix Martín Arencibia

viernes, abril 28, 2017



EL HOMBRE QUE SABÍA VOLAR

Hoy el azul y el blanco comparten el dominio de las alturas que pueden a llegar a ser siderales. ¿Tal vez no sea tanto? Yo extiendo mis alas, algo adormecidas todavía, con cierta lentitud perezosa con regusto placentero. Respiro el aire puro aromatizado por la retama, los codesos, los pinos, los laureles... Poco a poco, sin apenas darme cuenta, mi espíritu se va embriagando de plenitud y hasta del amor a la tierra que me parió. Ahora doy vueltas alrededor del Sagrado Nublo, con su forma fálica que a algunos melindrosos trasnochados puede resultarles obscena. Mi corazón, se lo aseguro, baila al ritmo de algunas melodías que pueden ecos milenarios. ¡Poema de potencia sexual y fertilidad simbolizado en dicho roque! Debajo, la Caldera de Tejeda, el útero gigante sobre una “tormenta petrificada”, como creo que la llamó así un tal Unamuno, juntaletras español por muchos conocidos. Lo de juntaletras no tiene sentido peyorativo, pues bien que le respetamos. Vuelo y revuelo. Subo y bajo, como niño divirtiéndose en un tobogán. Azul infinito y en picado cayendo sobre la presa, como si fuera un cernícalo. Hundiéndome sobre el gánigo formado por cráteres erosionados ¡Felicidad de erotizado placer! Creo que a más no se puede llegar o quizás estoy exagerando. Ante la embarazosa duda digo que solo sé que no sé nada, podría añadir como dijeron otros antes. (del libro "El hombre que no sabía volar"). (CONTINUARÁ)

FÉLIX MARTÍN ARENCIBIA

jueves, abril 27, 2017

LA PRIMAVERA SE HA ENCENDIDO DE PROMESAS

SE REVUELVE LA PRIMAVERA

La primavera se revuelve
nerviosa, inquieta, furiosa.
Mis emociones se agitan
entre las nubes negras
y rendija de luces solares
que apagan mis tristezas
nacidas en el frío invierno
de mis soledades
tal vez queridas
O quizás impuestas.

LA PRIMAVERA SE HA
ENCENDIDO DE PROMESAS

La primavera se ha encendido
con promesas, alegrías
y miedos algo ocultos.
Con las flores multicolores
alumbradas por Magec,
el sol nostálgico
de la noche del estío
un tanto ardiente
suavizada por Ziday,

la canaria diosa del mar.

Félix Martín Arencibia