BANDERA CANARIA BAJO EL MAR

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viernes, junio 06, 2008

LITERATURA INFANTIL: CUENTO: LISIJINA INVERNAL




LISIJINA INVERNAL
Era un día soleado de invierno. Todavía el frío de la mañana no se había espantado. Una pequeña lisa asomó un poquito su cabeza entre las piedras. Había dormido como un lirón toda la noche. Lo había hecho junto a sus hermanitos y arropados por el calorcito del vientre de mamá. Poco a poco fue sacando su cuerpo al solito. Sus hermanos seguían durmiendo. Lisijina se paseó al golpito entre las altas hierbas. A ella le parecían árboles gigantescos. Como era jovencita todo le parecía nuevo. Vio algo lleno de colores que pasó como un rayo junto a su minúscula cabeza. ¡Se sorprendió mucho! No tenía ni idea que aquello era una bella mariposa de colorines. Siguió caminando, cuando de repente, un zumbido fortísimo casi la deja sorda. ¡No ganaba para sustos! Se quedó paralizada ante semejante rareza. Tampoco sabía que se trataba de doña Abejaruna que andaba atareada buscando su alimento de flor en flor. ─ ¿Qué haces tú solita por aquí? –preguntó el insecto.─ ¡Daba un paseíto para conocer todo esto! –contestó un poco asustada.─ ¡Soy doña Abejaruna! ¬–le dijo con dulzura.─ ¡Y yo Lisijina! –respondió ahora más tranquila.─ ¡Pues, ten cuidadito, pues eres pequeña y te puedes perder!A pesar de ello siguió adelante animada por la curiosidad. De pronto vio algo muy chiquitito y negro que se movía muy deprisa. Quiso jugar con ello.─ ¡Eh, grandullona! ¿Qué haces? –Se quejó, pues el Lisijina le había puesto la pata encima y casi la aplasta – ¡Déjame tranquila, que estoy trabajando! –añadió.─ ¿Y si no te dejo qué pasa chiquitina? –la desafió el reptil.─ ¡Que llamo a
mis amigas! ¬–le respondió mientras hacía un ruidito con las patas.Entonces aparecieron rápidamente un grupo de hormigas que se le echaron encima a Lisijina.─ ¡Socorro! ¡No te molesto más!Se pusieron a hacerles cosquillas por todas partas.─ ¡Ji, ji, ji! ¡Por favor, no puedo más! –se reía sin poder parar.Les dio pena y terminaron jugando con ella, se divirtieron mucho durante un rato.─ ¡Bueno, para otra vez déjanos trabajar que tenemos mucho que hacer!─ ¡De acuerdo, en otra ocasión jugaremos más!Su madre, que se había quedado dormida porque se había que acostado muy tarde, notó que le faltaba su hija más pequeña. Salió un poco inquieta a buscarla por los alrededores. ─ ¡Ay, esta hija! ¿Dónde se habrá metido? Continuó andando y se encontró a la Sra. Mariposeta Rabieta.─ ¿Ha visto a mi hija pequeña doña Rabieta? –le preguntó.─ Me pareció ver a una lisa pequeña, pero como iba con tanta prisa no estoy segura. ¡De eso hace buen rato! ¡Me voy que tengo prisa! – le contestó enfadada.─ ¿Dónde estará mi Lisijina que todavía no conoce el lugar?Siguió adelante y se encontró a doña Abejaruna a la que preguntó por ella.─ ¡Hace poquito que pasó por aquí! ¡No debe estar lejos! –le contestó.Continuó más tranquila su búsqueda y se la encontró jugando.─ ¡Hija mía, qué haces tan lejos de casa!─ ¡Mamá jugaba con mis amigas las hormigas! ¡Son divertidísimas!─ ¡Vamos a casa, que tus hermanos estarán preocupados esperándonos!Volvieron a la casa mientras Magec, el dios sol, parecía que encendía las flores amarillas de las margaritas y las de las demás flores. Casi llegando a la casa de piedra la madre le dijo:─ ¡Bueno Lisijina, me vas a prometer que no vas a salir más sola! ¡Que lo harás con tus hermanas mayores y un amigo!─ ¡Vale, mamá, te lo prometo!Y así continuaron su vida en aquellos hermosos campos que parecían un paraíso. Estaban llenos de palmeras, dragos y múltiples hierbas llenas de flores de todos los colores del arco iris o quizás más. ¡Allí, seguro que podrían sucederles las más emocionantes aventuras!

FÉLIX MARTÍN ARENCIBIA

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