Mostrando entradas con la etiqueta RELATOS INÉDITOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RELATOS INÉDITOS. Mostrar todas las entradas

martes, enero 05, 2016

AMAPOLAS PARA UNA MEMORIA

Con ustedes amigos-as la planta llamada vinagrera y un relato gestado en Londres-06

AMAPOLAS PARA UNA MEMORIA

            El ya algo viejo Espectador, sentado frente a la tele, se sentía algo receloso. No entiende casi nada de inglés a pesar de los esfuerzos que ha realizado para dominar el idioma de W. Shakespeare Los presentadores e invitados de la televisión le resultan marcianos, con sus amapolitas colgando de sus vestidos. Parecían que celebrasen algunos carnavales si no fuera por su seriedad. Por las calles personas mayores y algunas no tanto portaban unas amapolas en sus solapas. Algunos llevan boinas y un tanto orgullosos llevan unas cuantas medallas reluciendo en sus chaquetas. También discurren algunas mujeres que lucen también de condecoraciones. Incluso algunos llevan faldas escocesas ¿Qué significarán esas amapolitas?, se pregunta el Espectador.

Al Espectador, le resultaba toda esta especie de espectáculo algo un tanto cursilón. Ser reiría de todo ello si no los viera tan circunspectos, como si realizaran un ritual algo religioso. Se da un paseo en una guagua de turismo. Frente a la añeja, pétrea y bella catedral de Westminster se encuentran colocadas muchas cruces pequeñitas adornadas con las ya mencionadas flores de papel. Seguía sin explicarse  toda esta parafernalia que coincidía con un tráfico intenso en la capital londinense. Se encontró con un grupo un tanto escandaloso de turistas españoles acompañados por un guía venezolano.

–Oiga, perdone, ¿qué significan esas amapolas que portan la gente? –le interroga don Espectador con cierta curiosidad.
–¡Ah, las exhiben en sus vestidos para celebrar el día del Soldado Desconocido! Se  homenajea al millón de fallecidos británicos durante la Segunda Guerra Mundial.
–¡Gracias por la información, amigo! ¿No cree que tendrían que recordar también a los fallecidos en las guerras de Irak, Afganistán, Siria…? ¡Sí, tanto a los suyos como a los nativos de esos países que ellos atacaron y que son también hijos dios aunque el suyo se llame diferente! –le sugiere el Espectador.
–Quizás tenga razón, perdone, pero ahora tengo que seguir con mi trabajo de guía.


El Espectador continuó pensando a raíz del hecho que había presenciado. En España, y también por supuesto en Canarias, también tendrían que recordar el cerca de un millón de muertos entre la Guerra Civil y lo no menos sangrienta represión de la postguerra. Han permanecido casi setenta años aparentemente olvidados los que fueron lanzados a pozos, simas, al fondo del mar… Ya está siendo hora que acabe ese silencio amordazado. Es necesario que se desentierre la memoria y los restos de los seres queridos para que nunca se vuelva a repetir semejante atrocidad. ¡Esperemos que haya amapolas para todos los implicados! ¡Si no nos conformamos con unas margaritas silvestres que tanto abundan por estos lares!, pensó con cierta ironía.
London 12-XI-06 (sí fue concebido en Londres por esta fecha)

Félix Martín Arencibia


jueves, abril 16, 2009

REALICREATOR


EL ENANO GIGANTE (II y final)

Salen al estadio todos los componentes del equipo. El va el último. Nadie lo ve. Empieza el partido. Ya se le va distinguiendo cada vez más. Va creciendo. Regatea a uno, dos, tres, cuatro… Hace una serie de paredes con Leoncio, Cabecita Pelada, Suave como la Seda… Va recibiendo aplausos y eso le hace acrecentar cada vez más. Roba una pelota en el medio campo, y va driblando contrarios, uno, otro, otro… Le que da sólo portero, está un poco lejano e intenta taparle. Le hace una vaselina prodigiosa. ¡Goool, goool, goool! En el estadio se desata el éxtasis, la locura. Se oye: ¡Gigante, gigante, gigante! Bossi va creciendo alcanza la altura de las gradas. Termina sacando su cabeza un poco fuera del estadio. Todos quieren tocarlo. Las quinceañeras se le tiran encima histéricas. Es fuerte y lo soporta todo.

Termina el partido se queda en el campo. No cabe por la puerta que lleva a los vestuarios. Piensa en su situación. Se pone un poco triste. No le gusta ser tan diferente. Ha ido desinflándose poco a poco. Se convierte en pequeño de nuevo. Cree que no es tan pequeño cómo una hormiga ni tan grande como un gigante. Simplemente hace unos regates y marca unos goles. Piensa aceptarse como Bossi el pequeño y que por sí mismo es valioso. Bueno, de vez en cuando le gustaría convertirse en un gigante para dar de merecer a algún pesado bromista que le llama: ¡Hormiga atómica! ¡Ja, ja cómo se va a reir de Leoncio el Africano y de Cabecita Pelada! –que son sus mejores amigos.


FIN


FÉLIX MARTÍN ARENCIBIA




martes, abril 14, 2009

RELATO REALIDEAL


BOSSI, EL ENANO GIGANTE

Bossi sufre, está triste. Piensa que la Naturaleza le ha maltratado. ¡No seas desagradecido! –le recrimina una vocecita interior. Es y se siente pequeño. ¡La hormiguita atómica! –le llamaban sus amigos. ¡Simpáticos los niños!, comenta solito en la cama.

Cada vez se siente más pequeño. Se cree un garbancito como el del cuento. Una vaca gigantesca se le acerca. ¡Está perdido! ¡No se salvará! ¡Corre! Más deprisa, más deprisa. ¡No puede más! ¡Se lo tragará!

Se despierta sudando lleno de miedo, temblando, con los ojos a punto de salírseles de las órbitas. Mira a través de los cristales de la ventana. Queda embebido con el campo recién pintado de primavera y eso le va animando. Ya más tranquilo se pone a leer los titulares de los periódicos. ¡Bossi ha sido el héroe del partido! Esto le hace crecer en estatura ¡Gigantesca la hormiga atómica! Crece aún más.

Al salir de su casa para ir al partido se despide de su madre con un beso. ¡Te cuidadito Bos no te des en la cabeza con la puerta al salir! ¡Vale, mama! Llega al estadio tres horas antes del partido. Se mete en el vestuario solo. Le surge de nuevo el miedo. Va encogiéndose. Se convierte nuevamente en una hormiga.

Llegan sus compañeros de equipo. Apenas le ven de tan pequeñito que se ha hecho. ¡Eh, anímate, hormiga atómica! –le dice Leoncio Africano. No le hace ninguna gracia la broma del mono ese, a pesar de que era su mejor amigo. (continuará)

jueves, marzo 26, 2009

RELATO QUE PUEDE SER VERDAD


El argumento de esta ficción se da mucho en la vida diaria. Hay personas que causan gran dolor a otras cuando si fueran más conscientes y menos egoístas se los ahorrararían.
LA AZAROSA VIDA DE MERCEDES SUFRIDORA

Tomaba despacito el café en la barra del bar Los Ángeles. La tristeza navega en sus inmensos ojos. Se llama Mercedes Sufridora, tiene 33 años, es morena, de pelo corto y viste unos pantalones negros que encubren sus curvas. Deja el café a medias, saca el móvil y marca un número. Al otro lado la voz de su madre preocupada:
- ¿Qué te pasa niña? ¡Otra vez! ¡Ya me llamaste anoche! – estaba ya un poco cansada.
- ¡No mamá es que anoche no pude dormir…!
- ¡No es ninguna novedad!
- ¡No es que te iba a contar que…!

Otra vez el mismo rollo de siempre. Desde que se separó de Pablito Picaflor hace un año, éste, con sus recuerdos le arañaba el estómago, le lobotomizaba las sienes, le estrujaba el pecho… Cuando su ex la había engañado ya tres veces con diferentes vecinas de portal, a la cuarta ya no pudo más y pidió el divorci, aunque se arrodillara y jurase por su madre como en anteriores ocasiones. Sin embargo el susodicho le seguía revoloteándole en la cabeza. ¡Lo había querido tanto! ¡Creía que todavía quería a aquel sinvergüenza que tanto daño le había hecho! La falta de alegría le había llevado a dejar el placer secreto de un viejo consolador que le había dejado su madre. Recuerda que después que dejó de hacerlo con Pablo, hacía ya más de tres años, se refugiaba en la soledad del baño y lo hacía muy lentamente, a su ritmo, disfrutándolo. No cómo Pablito que siempre andaba con prisas, ¡quizás para ir a tirarse a la vecina de turno! No sabía cómo se las arreglaba para que no se enteraran sus parejas.


Su hija Nayra de tres años era lo que más quería en el mundo, lo que la sostenía. Tenía que hacer un esfuerzo cada día por ella. Por ella se levantaba a pesar del cansancio de mujer apaleada, aunque él nunca se atrevió a ponerle físicamente la mano encima.

Dejó la conversación con su madre, guardó el móvil y siguió tomándose el café que dejó a medias y que ahora se encontraba completamente frío. Cuando terminó pagó a Manolín Pelonieve y salió por la puerta con la cabeza gacha. Mientras, pensaba que llevaba ya un año de separada y que no podía seguir así, por su hija, por la lata que le daba a su madre, por su salud… Entonces tomó una decisión definitiva: No seguiría sufriendo por el merluzo de Pablito. No lo merecía el machista abusador. ¡No era más que un verdadero chaflameja!

Mercedes Liberada volvería a leer las obras de Galdós, a Juan Rulfo, García Márquez y las novelas de suspense que tanto le gustaban. ¡Ah, y sobre todo se compraría un nuevo consolador!


FÉLIX MARTÍN ARENCIBIA

lunes, noviembre 24, 2008


EL VIEJITO DEL PERIÓDICO


Adolfito llega al Bar la Cuevita. Busca con ansiedad su periódico favorito. No lo encuentra. Vuelve a mirar. ¡Ah, aquel del rincón lo tiene!
– ¡Por favor, joven!, ¿le importaría cedérmelo cuando lo lea?
– ¡De acuerdo!

Pasó un rato corto, que a Adolfito, en su desespero, le pareció una eternidad.
– Tome.
– ¡Gracias! –contestó con aliviado el anciano.

Adolfito Déniz tenía alrededor de ochenta años, siempre iba muy erguido y destacando su prominente barriga. En su cara aparecía su tono colorado. Algunas malas lenguas decían que era de tanto ron que bebía. ¡Allá él con su vida! Su pelo era blanco, rizado y abundante. Llamaba también la atención su nariz, parecía una especie de albóndiga con verrugas.

Leyó el periódico con fruición, con un regusto y un placer poco común. Lo saborea de la primera a la última letra, sin que se le quede ninguna atrás. Lo va leyendo a ritmo de trago del vaso de ron que hace de único acompañante. Se cree al pie de la letra todo lo que dice el diario. Lo vive todo con mucha intensidad y lo refleja en su rostro: guerras, deportes, sucesos... A veces se le cae alguna lágrima por no se sabe que sucesos. Para él no existe otro mundo que el que aparece en el papel.

Cuando después de un largo rato termina de leer su periódico favorito apura el último trago. Luego regresa lentamente a su casa, con su cabeza mirando al cielo. Vive solo en una casa de tejado del casco antiguo. No tiene hijos y su mujer hace casi veinte años que le dejó viudo. A partir de la muerte de Esperancita Rodríguez no volvió a relacionarse con nadie más. Sólo se comunicaba con el mundo a través de su rotativo.

Así era de monótona la vida de Adolfito Déniz. El Ir y venir al Bar la Cuevita para leer su diario. De dicha manera lo había hecho desde que le dejó solo Esperancita. Continuó haciéndolo hasta que un día como otro cualquiera llegó a la cantina para leer su diario. Comenzó su lectura y cuando llegó a la página de las necrológicas encontró impresa su propia esquela. Se levantó ceremoniosamente y salió con el periódico bajo el brazo sin que casi nadie se diera cuenta. Anduvo los pocos más de cien metros que había hasta su casa. Abrió su puerta, pero esta vez no la cerró con llave como hacía normalmente.

A los tres días, Pepito, el dueño del Bar la Cuevita, viendo que no venía y sabiendo que residía solo, fue a su casa. Lo encontró acostadito en la cama con el periódico en sus manos y abierto por la página de las esquelas. No respiraba, pero tenía los ojos extrañamente abiertos, como si estuviera leyendo. Indudablemente había fallecido. ¡Se había creído su propia muerte! Pepito había querido gastarle una broma poniéndole su esquela. No esperaba que le afectase tanto. Sintió pena por aquel pobre viejito, aunque él parecía tener impresionada en su cara una leve sonrisa de satisfacción. Le cerró con delicadeza los ojos para que descansara tranquilito en el más allá.

miércoles, abril 09, 2008

RELATOS






ANDAMANA CAMBIÓ UNA MAÑANA (PRIMERA PARTE)

Hoy me he vuelto a caer en el super, precisamente a las doce que se encontraba abarrotado de marujas. Todas se han quedando contemplando como me caía. ¡Y cómo me miraban! ¡Se les notaba el regocijo! Pero bien que intentaban disimularla poniendo cara de:
─ ¡Pobrecita niña, siempre se está cayendo!
─ ¡Al carajo con todos ellas, hipócritas de mierda! ¡Ha sido horrible!
Mientras, seguía tirada boca arriba mirando sus sonrisitas compasivas. Impotente, sin poderme levantar. Al final se amontonaron cuatro a ayudarme a levantar. Sí, ahora con rostros de salvadoras de protección civil. Este pasaje que te cuento ha sido una constante en mi pequeña y triste historia personal como luego verás.

Mi vida se convirtió en una tragedia desde que a los dos años me atacó esa pérfida enfermedad que me produjo lo mío. Para mí la existencia ha estado llena de peligros. Las calles eran una selva llena de fieras amenazantes: postes en las aceras, baches, entradas de vehículos, el despistado que no mira por donde camina, la humedad, el sol, la lluvia, el humo del cigarro… Lo mío es algo complicado, no me permite llevar una vida normal como todo el mundo. Los hombres no me tienen en cuenta. Me ven más como un animal reproductor que como una persona. Por supuesto eso no me ha permitido soñar con una pareja estable. La única que me trataba con cierta comprensión era Yaiza la Jorobá, que compartía conmigo algunos de los desprecios de la gente que margina al distinto o lo trata como si no fuera una persona con dignidad.

Mi infancia fue más una historia un tanto trágica que la de una niña que merecía un poquito de felicidad. En los recreos vivía arrinconada en una esquina del patio, muchas veces sola con lo mío. Algunas, acompañada por la gordita de turno, Felicidad Delgado, que también a veces se escondía de los demás en el mismo rincón que yo. Unas ocasiones me hablaba. Otras, me ignoraba como si no existiera o me insultaba:
¡Hazte para allá, bicho raro!
A mí todo esto como puedes suponer me hundía la moral hasta el fondo más oscuro de la mar fea. Lo mío era peor que la gordura infinita de Felicidad. ¡Gracias a mamá a la que contaba mis tristezas y que me servía de paño de lágrimas! ¡Qué suerte he tenido con ella! Hemos llorado y sufrido abrazadas. Hemos compartido insomnios cuando los dolores me taladraban. No es un tópico eso de que no hay nada mejor que una madre.

Mi adolescencia como bien te puedes imaginar fue aún un poquito más dura. Me cambiaba el cuerpo, que yo percibía cada vez más horrible. Mis tetas crecían y crecían. Mi culo engordaba sin medida. Un bosque de pelos cubría algo más que mis partes más íntimas. Mientras, a mí me atraían cada más esos adolescentes machitos a los que les crecía el bello en la cara y les cambiaba la voz. ¡Cómo me excitaban! ¡Qué sueños más eróticos! Practicaba obligatoriamente la autonomía sexual. Tocaba con maestría los puntos más sensibles de mi cuerpo deformado. Esta costumbre se convirtió en mi más agradable consuelo y desahogo en los momentos más oscuros. Los muchachitos ya empezaban a mirarme extrañamente. A veces los sorprendía extasiados mirando mi culo rechoncho, al que yo detestaba, o mis abundantes pechos. No pasaban de ahí pues lo mío les impedía acercarse, ¡les daba asco!... Pertenecían a otro planeta al que yo no tenía acceso. Vivía desterrada en el pequeño asteroide de lo mío, rumiando mi soledad y mi dolor.



Así continuó mi juventud hasta los veinte años. Una mañana fea y arisca, mojada por una fina lluvia del mes de abril, sin saber bien por qué, decidí no quedarme a vivir para siempre en el cometa de la autocompasión y la impotencia. Resolví, ayudada por mi madre, salir al encuentro de la solución de lo mío. Peregrinamos por la consulta de muchos médicos. Pruebas, exploraciones… “Lo suyo no tiene solución”. “Aquí no podemos hacer nada para curarla”. Mi moral por momentos, como comprenderás, se resquebrajaba como cuando a una planta le falta el agua y se le doblan las hojas hacia abajo. Con la humedad de la noche y el nacimiento de Magec alumbrando un nuevo día cargaba otra vez las pilas. Cogíamos el bolso y la carpeta de las pruebas y a seguir. En mi desesperación llegué a visitar a sanadores, videntes, curanderos, brujas, echadores de carta… Pronto me dejaron sin un céntimo y tuve que olvidarme de ellos, pues lo más que me ofrecían eran buenas palabras y sobre todo nuevas decepciones.

Sin apenas darme cuenta había dejado atrás las lamentaciones y las autoflagelaciones convirtiéndome en una incansable luchadora. Entre tantos “no podemos hacer nada por lo suyo”, me encontré con un vecino cubano que me dijo:
─ ¡Mira, chica, allá en Cuba está muy avanzada la sanidad y seguro que hay remedio para lo tuyo! ¡He visto curarse casos peores!
Me lo tomé a bromas.
II PARTE
─ ¡Boberías, exageraciones de los cubanos! –me decía.
No obstante intenté informarme mejor a través de unos familiares que vivían en la perla de las Antillas. Al fin y al cabo no tenía nada que perder. Entre vivir hundido en la podredumbre llorando mi impotencia e intentarlo, lo tenía claro. Me enviaron buenas noticias. Allí un grupo de médico había investigado y tratado con éxito lo mío. No me lo creía. ¡Tan escarmentaba estaba! No obstante me propuse con mi santa madre, que era más que mi sombra protectora, llegar hasta el final.

Me dijeron que los médicos no me iban a cobrar nada por el tratamiento y las intervenciones quirúrgicas, que eran muchas las que necesitaba. Sin embargo, tenía que contar por lo menos con 6.000 euros para el viaje y otros gastos. Era huérfana de padre, mi madre limpiaba en casas y apenas teníamos para ir viviendo. Tampoco yo podía contribuir, pues me era imposible trabajar a consecuencia de lo mío. Me madre habló con un tío mío que andaba relacionado con la directiva del equipo de fútbol de tercera división del pueblo. Consiguió que se celebrase un partido para conseguir dinero para mis gastos en Cuba. No creía que se fuera a obtener dicha cantidad, pues la gente del barrio era más bien pobre.
─ ¡Tú tío me ha dicho que han recaudado cinco mil euros! –me dijo madre llorando de alegría.
Luego fue aún mayor mi estupor cuando Pinito Tacañosa me vino con los mil euros que faltaban. Ella, que tenía fama de avara, me regalaba aquella cantidad que me hizo llenar de besos a la pobrecita vieja:
─ ¡Ay qué buena y linda es!
─ ¡Mi jija, tú lo necesitas! ¡Yo, ya me voy a morir pronto!
─ ¡No diga eso Pinito! ¡Usted se merece el cielo!
Se le saltaron las lágrimas a la pobre. Demostró que era la única persona, sin ser mi madre, que me quería de verdad. Siempre que me veía me dibujaba una sonrisa que acariciaba mi corazón apaleado.











MI ABUELO RUMIABA SU SOLEDAD -CAP-3 Y ÚLTIMO










Pasaron así muchos años hasta que cumplió los cuarenta en que extrañamente empezó adelgazar de una manera lenta pero inexorable. Su cuerpo enfermo se iba consumiendo poco a poco. Llegó a quedarse con apenas los huesos y la piel. Terminó convertida casi en un niño, acostada sin fuerzas y ovillada como un feto. Pocas esperanzas tenía su familia que se recuperara. Un día Isidoro, un antiguo novio comenzó a visitarla. Día a día fue testigo como una pequeña luz asomaba a sus ojos. Él se limitaba a acariciarla con la mirada de sus ojos claros. Ella a veces se le quedaba observando como atontada con sus inmensos ojos negros. Comenzó a moverse en la cama. Isidoro se atrevió por fin a acariciarle su larga melena entrecana. Ello la animó a irse incorporando, pero sin decir todavía una palabra. Al poco tiempo se le escapó la frase: ¡Isidoro mío!
Fue aumentando lentamente de peso. A su vez su carácter iba cambiando. El cariño por sus hermanos y sus padres iba en aumento, se asomaba a sus ojos que cada vez parecían más grandes. Isidoro terminó por declararle su amor secreto. A su vez el cariño por su familia siguió creciendo mientras su peso se iba normalizando. Como paloma salvadora, se posó sobre ella su añorado y reprimido amor secreto: Isidoro Gualupe Paciente.¡Fue el cariño de ese hombre tan dulce y tan pacífico el que la salvó definitivamente de la condena impuesta por el tío Feliciano Malaidea!

Con la curación de Eduvigis Resurrección volvió la felicidad a la familia. Ya con más de sesenta años se les veía a Constanza Doramas Adorada y a Sinforiano Sacrificio Berrasales cogidos de la mano y a veces incluso besándose en medio de la espesura del cercado de millo. Mientras iban recogiendo las piñas, que pronto deshojarían en una reunión de vecinos con su posterior baile. Allí los pretendientes se tirarían piñitas para llamar la atención del otro o la otra. Eduvigis Resurrección se había ido a vivir muy lejos con el amor de su vida, no quería volver a resucitar su desastroso pasado.

miércoles, diciembre 26, 2007

RELATOS: EL ABUELO...CAPÍT.2

EL ABUELO RUMIABA SU SOLEDAD CAP-2

Su hija, convertida en una bruja amargada, se forjó una máscara de hierro, un carácter dominante, que le hizo en poco tiempo la dueña de la casa. Sus padres se convirtieron en unos muñecos en sus manos. Todos sus hermanos y hermanas le tenían un miedo espantoso debido a su trato despótico. Eduvigis Amargadita hacía y deshacía a su antojo. En su casa vestía como un hombre, llevaba el pelo recogido, un sombrero, una corbata y unos pantalones. Toda de negro, como si se le hubiese muerto algún familiar. Caminaba ante su familia muy erguida y con aires de matón.

Eduvigis hasta que no consiguió que sus padres se separaran, no estuvo tranquila. Se inventó que su padre tenía relaciones con una vecina. Una auténtica calumnia. Sinforiano Sacrificio no tenía más ojos que para su princesa flacucha, a la que veía cada vez más triste y envejecida. Aquella hija suya se había convertido en un verdadero demonio. Llegó un momento que no pudo soportar más y se fue a vivir solo a una cueva que estaba al otro lado del barranco.

Mientras, el abuelo se asomaba a la puerta de la cueva para contemplar a su amada y a sus hijitos. Cada vez que veía a su hija mayor se le encogía el corazón. ¡Qué desgraciadita tenía que ser! ¡Cuánto habría sufrido aquella huraña mujer! Desde allí contemplaba los cachitos plantados de millo y papas. Éstos se complementaban en la formación de un lienzo con tonalidades verdes claras y oscuras. Miraba para lo alto, y divisaba los riscos que encajonaban el barranco. Esta visión le traía a la mente la angustia que a veces sentía. El cielo, allí, en lo alto, a modo de tapadera ¡Se asfixiaba, no podía más!


Sinforiano recordó cómo poco a poco a veces fue soportando mejor la soledad. Miraba con cierto gustito sus cachitos que le producían una dulce calma. Él estaba ajeno a todo lo que se traía entre manos su hija mayor. Lo habían echado y dejado solo, pero ahora no le importaba tanto. Se impondría la cordura y se solucionaría aquel problema. Todavía recuerda, parece como si lo estuviera viendo, cómo al golpito, mientras disfrutaba de su aroma, fue liando un cigarro con picadura. Las primeras caladas le reconfortaban aún más. Aunque el sol de la tarde todavía llegaba al fondo del barranco, pronto se escaparía tras los altos de las Cuevas de Doramas (antiguo residencia del mítico luchador por la libertad). A partir de ahí, ya la humedad sería la dueña y señora. Volverían otra vez los dolores y las negras ideas, que como barrenillos le taladrarían la cabeza. ¡Bueno, ya estaba habituado a eso!

Eduvigis Amargada se convirtió en la dueña de la casa, y los demás hermanos tenían que darle todo el sueldo que ganaban. Decía que era para guardárselos. La realidad es que iba acumulando una miserable fortuna con el sudor de su propia familia. El amor de su vida se fue convirtiendo en el poder y el dinero.

viernes, diciembre 14, 2007

MIS RELATOS- EL ABUELO CAPIT-1



EL ABUELO RUMIABA SU SOLEDAD


El abuelo Sinforiano Berrasales Sacrificio no entendía nada su situación familiar, ni con sus propios hijos e hijas, ni con Constanza, su compañera. Era algo totalmente absurdo, que se le convertía en un barrenillo que no le dejaba en paz. Rumiaba su soledad y su pena, delante de una escudilla de lechita y gofio. Conforme iba bebiéndola a sorbos lentos, sus penas se iban calmando, al menos momentáneamente, veía las cosas un poquito más esperanzado.

Todo el drama de su soledad había empezado muchos años antes. Se había casado con Constanza Doramas Adorada. Ésta era una mujer más bien delgadita, con poquitos pechos, pero con una belleza blanca, unos ojos pequeños color cielo y una larga melena rubia. Para Sinforiano, Constancita era un auténtico guayabo, una princesa guanche. Se casaron enamorados y tuvieron unos trece hijos. Trabajaban juntos las tierras y los hijos en cuanto iban creciendo, se incorporaban al trabajo de la pequeña finca. La mayor, que se llamaba Eduvigis Amargada, se convirtió en una maldición para esta familia trabajadora y dichosa.

A los catorce años, un tío suyo llamado Feliciano Malaidea, escondido tras un cañaveral, mientras ella lavaba la ropa en las límpidas aguas del Barranco de la Virgen, la acechaba con ojos libidinosos. Así un día sí y otro también. Ella notaba alguna sombra en el agua, pero debido a su juventud repleta de alegría e inocencia, vivía totalmente ajena al peligro. Un desgraciado día sintió cómo la acariciaban por detrás. Ella se reviró como una fiera. Se inició una lucha a muerte. Se defendió como una aguililla clavándole sus garras. Sin embargo, se tuvo que rendir muy pronto a la fuerza descomunal de su tío, que terminó consumando los planes de sus peores instintos. Para ella, aquello supuso un trauma horrible; y la muerte, quizás definitiva, como ser humano con capacidad para amar a sus semejantes.
Nunca dijo quién había sido ni lo que le había pasado. Al poco tiempo apareció su tío Feliciano colgado del cuello en una higuera. Él tampoco pudo soportar la mirada de odio y sufrimiento de su sobrina. Ella ya no quiso saber de ningún hombre. Muchos pretendientes se le acercaron y los espantó a todos sin contemplaciones, no dándoles la mínima oportunidad. Su padre se convirtió en su enemigo número uno a partir de entonces.