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domingo, noviembre 21, 2010

JUSTICIA BAJO EL CERNÍCALO AZUL

Bajo el cernícalo azul es un relato del libro "Raíces de volcán dormido en el que trata el tema de la justicia".

BAJO EL CERNÍCALO AZUL (2)

Se lavó la cara en una palangana que estaba a la intemperie y cuya agua estaba muy fría. Esto le reconfortó, y le dio más claridad para ver lo que quería ejecutar. Fue a ordeñar su cabra rucia, que tenía en un chupenco saliendo a la derecha. Le amorosó las tetas, recreándose luego en la espuma que se formaba en la escudilla con gofio. Acarició al animal y despacito se metió en la cocina, donde la bebió saboreándola, a la vez que llenándose el cuerpo de un valor sereno. ¡Estaba decidido, ya no había vuelta atrás! Mientras, su madre trasteaba en el patio, barriendo con una escoba que ni levantaba polvo debido a la tarosá de la noche, que había atravesado hasta las planchas de la cocina goteando sobre el poyo de cemento.
Cogió la boina y la comida que le había preparado su madre y salió ladera abajo. La cabeza le seguía bullendo. La muerte de su padre le venía a la mente una y otra vez. Los últimos días de suplicio, allí en la cama sufriendo como un perro.
─ ¡Sí, la culpa de todo la tenía Pepe el Azulino! – fue el responsable del desenlace trágico de aquella larga enfermedad de su padre...

jueves, noviembre 04, 2010

EL PRECIO DE SER DIFERENTE (2)

Como les decía en el anterior texto basado en un relato del libro "Raíces de volcán dormido" que resulta difícil ser diferente en esta sociedad a la que se quiere uniformar. Se busca el pensamiento único, la uninimidad, los modelos o patrones en los que se tiene que encuadrar cada persona bombardeado por los medios de comunicación. El que se sale de esos patrones lo tiene complicado...

Andamana cambió una mañana (2)

Mi infancia fue más una historia triste que la de una niña que merecía un poquito de felicidad. En los recreos vivía arrinconada en una esquina del patio, muchas veces sola con lo mío. Algunas, acompañada por la gordita de turno, Felicidad Delgado, que también a veces se escondía de los demás en el mismo rincón que yo. Unas ocasiones me hablaba. Otras, me ignoraba como si no existiera o me insultaba:

¡Hazte para allá, bicho raro!

A mí todo esto como puedes suponer me hundía la moral hasta el fondo más oscuro de la mar fea. Lo mío era peor que la gordura infinita de Felicidad. ¡Gracias a mamá a la que contaba mis tristezas y que me servía de paño de lágrimas! ¡Qué suerte he tenido con ella! Hemos llorado y sufrido abrazadas. Hemos compartido insomnios cuando los dolores me taladraban. No es un tópico eso de que no hay nada mejor que una madre.

Mi adolescencia como bien te puedes imaginar fue aún un poquito más dura. Me cambiaba el cuerpo, que yo percibía cada vez más horrible. Mis tetas crecían y crecían. Mi culo engordaba sin medida. Un bosque de pelos cubría algo más que mis partes más íntimas. Mientras, a mí me atraía cada más esos adolescentes machitos a los que les crecía el bello en la cara y les cambiaba la voz. ¡Cómo me excitaban! ¡Qué sueños más eróticos! Practicaba obligatoriamente la autonomía sexual. Tocaba con maestría los puntos más sensibles de mi cuerpo deformado. Esta costumbre se convirtió en mi más agradable consuelo y desahogo en los momentos más oscuros. Los muchachitos ya empezaban a mirarme extrañamente. A veces los sorprendía extasiados mirando mi culo rechoncho, al que yo detestaba, o mis abundantes pechos. No pasaban de ahí pues lo mío les impedía acercarse, ¡les daba asco!... Pertenecían a otro planeta al que yo no tenía acceso. Vivía desterrada en el pequeño asteroide de lo mío, rumiando mi soledad y mi dolor...

lunes, octubre 25, 2010

EL PRECIO DE SER DIFERENTE

El ser diferente es algo que no se perdona. Se tiende al pensamiento único que marca el sistema. Este es uno de los relatos del libro "Raíces de volcán dormido"

ANDAMANA CAMBIÓ UNA MAÑANA

Aquel día me volví a caer en el súper, precisamente a las doce cuando se encontraba abarrotado de marujas. Todas se habían quedando contemplando cómo me caía. ¡Y cómo me miraban! ¡Se les notaba el regocijo! Pero bien que intentaban disimularla poniendo cara de:

─ ¡Pobrecita niña, siempre se está cayendo!


 ¡Al carajo con todos ellas, hipócritas de mierda! ¡Ha sido horrible!, pensaba. Mientras, seguía tirada boca arriba mirando sus sonrisitas compasivas. Impotente, sin poderme levantar. Al final se amontonaron cuatro a ayudarme a levantar. Sí, ahora con rostros de salvadoras de protección civil. Este pasaje que te cuento ha sido una constante en mi pequeña y triste historia personal como luego verás.


Mi vida se convirtió en un drama desde que a los dos años me atacó esa pérfida enfermedad que me produjo lo mío. Para mí la existencia ha estado llena de peligros. Las calles eran una selva llena de fieras amenazantes: postes en las aceras, baches, entradas de vehículos, el despistado que no mira por donde camina, la humedad, el sol, la lluvia, el humo del cigarro… Lo mío es algo complicado, no me permite llevar una vida normal como todo el mundo. Los hombres no me tienen en cuenta. Me ven más como un animal reproductor que como una persona. Por supuesto eso no me ha permitido soñar con una pareja estable. La única que me trataba con cierta comprensión era Yaiza la Jorobá, que compartía conmigo algunos de los desprecios de la gente que margina al distinto o lo trata como si no fuera una persona con dignidad... (continuará)

martes, septiembre 21, 2010

NATURALEZA, PLACER Y SOLIDARIDAD

Comparto con ustedes este sueño que nos trasporta al mundo de la naturaleza, de la que reivindicamos su conservación,  y del placer que nos humaniza y nos energiza hacia la solidaridad... Se trata de uno de los relatos de mi libro "Raíces de volcán dormido"


FUEGOS DE VOLCÁN



Caminaba bajo el ardiente sol del mediodía. Sudaba a mares. Me abría paso entre lo gigantescos yerbajos. Andaba cuesta abajo. No quería saber de nada. Huía de mis propios demonios que por momento se agitaban dentro de mí como si fueran una batidora. Aceleraba mis pasos de una manera endiablaba. Bajaba un cercado y otro. Las margaritas amarillas perecían bajo mi angustia. Miraba hacia el fondo del barranco.


Tenía una idea fija: un grupo de palmeras reunidas en tagoror y con aspecto amenazante. Quería enfrentarme a ellas armado con mi contenida furia interna. Avanzaba y avanzaba. Mis piernas sangraban bajo las garras mortíferas de las zarzas. No miraba ni para el cielo ni para la ladera encaramada allá en lo alto. Ahora ya corría y mi corazón se aceleraba.




Terminé volando cual cernícalo planeando sobre su presa que no era otra que las palmeras del barranquillo. Intento caer en picado sobre mis enemigas. De pronto descubro entre ellas: una hermosa reina con las formas de la mujer de mis sueños. Ella me miró, yo le devolví la mirada. El cielo estaba vestido de un azul maravillosamente intenso. El sol nos iluminaba con su prepotente luz. Extasiado. Extasiada. Acercamiento lento, mirándome en sus inmensos ojos verdes. Nuestras manos se aproximaron en un vuelo que me pareció eterno. Cerramos lentamente los ojos. Acariciamos nuestras pieles encendidas con fuegos de volcán encendidos por la pasión recién nacida.


Nuestros corazones bailan las más alocadas danzas. Nuestros cuerpos se funden entre troncos, ramas y campos floridos. El fondo del barranco nos sirve como el más lujoso lecho de amor. Nos amamos durante horas. El sol se despierta de la siesta. Avanza lentamente sobre la ladera de la tarde. Nuestros cuerpos se revuelcan una y otra vez llenando el ocaso de mariposas de caricias, abrazos de hojas de palmera, besos de siemprevivas, penetraciones de los últimos rayos de sol...


Llega Enac, la dueña de las tinieblas, que pronto es semianulada por la Luna. Una bella y vieja amante, emperifollada, radiante, nos sorprende y maquilla nuestras pieles de un color lechoso. Nuestros cuerpos continúan su danza amorosa bajo la música de la noche llena de silencios sugerentes, sinfonías de grillos, gemidos de gatos en celo, alaridos de perros encaprichados y gritos de gozo de lechuzas enamoradas colgadas en lo alto de las siluetas siniestras del acebuchal...


Nuestra pasión no se enfría ni con los relentes de las penetrantes humedades nocturnas. Nuestra ardorfogalera es avivada una y otra vez, por el talismán ardiente que late en el corazón rebosante de erotismo, de una luna provocadora de sueños de sábanas verdirojas.


Una seda salpicada de estrellas engalana nuestras pieles desnudas encendiendo aún más los fuegos de nuestra pasión infinita que se eleva hasta las alturas siderales. Remolinos de gritos de vientos amándose en las profundidades de los barrancos y olas chillando de placer en los acantilados nos acompañan en medio de la ardorosa noche.




Mucho antes que asome Magec, el dios sol, cuando la luna llega a su plenitud de amante: ¡Nuestro orgasmo al fin estalla en un volcán de bengalas multicolores, bajo la coreografía de un baile de estrellas agitándose sobre el universo infinito! Despierto cegado por la luzfuego de Magec que invade mi habitación y me doy cuenta que ha sido el más maravilloso y dulce sueño que en mi vida he tenido.

jueves, marzo 18, 2010

QUERIDO MAESTRO DE "RAÍCES DE VOLCÁN DORMIDO" (2ª ENTREGA)


Les invito amigos y amigas a continuar leyendo este relato en que se manifiesta la odisea diaria de un enseñante que tiene que enfrentarse a incomprensiones cuando quiere de una  forma distinta educar a sus alumnos. Como ser humano con sus sentimientos... Ánimo

QUERIDO MAESTRO (2ªentrega)

Tejera quedó pensativo tratando de adivinar preocupado el asunto que la madre pudiera venir a tratar con él. Reaccionó proponiendo:

─ Si no te importa la llamas para hablar con ella mañana a la hora del recreo.

Al día siguiente se presentó la mencionada madre.

─ Quería preguntarle ¿Por qué no usa los libros de texto? ¬─ le increpó en tono un tanto amenazante y yendo directamente al grano.

─ ¡No se preocupe, Mercedita, ya verá como al final de curso Iballa acabará aprendiendo todo el programa! ─ le contestó intentando tranquilizarla.

─ ¡Pues procure darse prisa, mi hija no puede perder más el tiempo! ─ le respondió y dándole la espalda salió de allí rápidamente.

Doramas y Guayarmina al encontrarse aquella tarde se besaron y abrazaron apasionadamente.

─ ¡Cariño, qué te pasa, te veo un poco raro!

─ ¡Nada, niña, no ocurre nada!

─ Te conozco y a mí no me engañas.

─ ¡Vale, ya sé que siempre consigues que te lo cuente todo!

Conforme le relataba a Guayarmina lo que le había pasado se fue calmando poco a poco. Hizo café y lo compartieron mirándose amorosa y serenamente a los ojos sin decirse nada. A pesar de todo no se amaron como lo habían hecho salvajemente tantas veces en los rincones más insólitos de aquella impresionante mansión.

Cuando las tinieblas de Enac se apoderaban de las últimas luces de la tarde se despidieron ardorosamente como si fuera la última vez que iban a verse. Guayarmina se marchó a dormir a su casa. A Doramas le costó coger el sueño. Le preocupaba la actitud de la madre que parecía dispuesta a todo. Le daba vueltas y más vueltas a las ideas sin llegar a algo concreto. Le venían a la mente otras situaciones... (continuará)
(Querido maestro forma parte del libro de relatos: "Raíces de volcán dormido")
Félix Martín Arencibia 

lunes, marzo 15, 2010

QUERIDO MAESTRO-RELATO DE RAÍCES DE VOLCÁN DORMIDO

Les dejo ahí un fragmento de mi relato "Querido maestro" que está incluío dentro de "Raíces de volcán dormido". Se trata de una creación literaria basada en la vida y anhelos de un enseñante vocacional. ¡Que la disfruten!



QUERIDO MAESTRO

Le persiguen, no sabe exactamente quiénes. Corre, se aproxima al risco. Ahora distingue dos sombras gigantescas. Se queda paralizado. Está al borde del precipicio. Se gira, lucha, lucha, lucha… Pierde sus fuerzas. ¡Está perdido! Intenta gritar pero no le sale voz alguna. Se despierta sudando, respira todavía asustado. La luz que se cuela por la ventana, le toca y le anima.

Doramas Tejera reacciona, da un salto y abre la ventana para que salgan los fantasmas que le perseguían durante su sueño. Al golpito se va sintiendo feliz contemplando cómo el dios sol, Magec, se posa orgulloso sobre las palmeras del horizonte cercano que se recortan sobre las montañas.

Es una de las pocas pesadillas que como pequeños posos le quedan de su pasado de maestro de escuela rural. Quizás simbolicen los retos imposibles que a sí mismo se impuso y a los que tuvo que enfrentarse.

Doramas Tejera tiene ahora sesenta y cinco años, apenas unas ligeras pinceladas blanquecinas salpican su cabello. En su redondeada cara luce un ligero bigote que se ha ido encogiendo con el discurrir del tiempo. Se conserva relativamente bien y tiene una salud pasable, tan sólo algún pequeño achaque. A veces, antes de dormirse evoca su pasado docente aún vivo: de claros y sombras, de felicidades y desdichas, de sus luchas casi épicas en pos de sus retos vocacionales.

Recuerda con cariño los primeros momentos en los que llegó a la localidad del Valle de las mil Palmeras, también conocida desde la época de los primeros habitantes por Tamaraney. El pago se hallaba situado junto al cauce de un arroyo de agua permanente, rodeado de un palmeral y algunos restos de un antiguo bosque muy frondoso. También disfrutaba de fértiles terrenos de cultivos de subsistencia, mientras otros se iban poco a poco dejando abandonados para ir siendo engullidos por la especulación urbanística. Consiguió alojarse en un enorme caserón solitario con tejado, corredor y una balconada. Se encontraba situado en lo alto de una pequeña colina desde la que se divisaba todo el valle donde se mezclaban la antigua arquitectura agrícola con otra carente totalmente de identidad. De todas maneras ¡Era un lugar maravilloso que le había llenado de energía y creatividad!

La escuela que le tocó era una antigua casa también de tejado. Se dividía en un salón grande donde se daban las clases y otro más pequeño donde se metían algunos trastos y a veces se utilizaba para algún taller escolar. El baño se encontraba a más de cincuenta metros en un pequeño cobertizo junto a una acequia que pasaba paralela al arroyo y donde iban a tener los residuos. Las otras escuelas se repartían por diversas viviendas del pueblo. Los maestros se reunían todas las semanas en un cuartito estrecho de la escuela de Miguel Artenara, el director.

En aquel comienzo de curso tenía como siempre la mente repleta de nuevos proyectos. Soñaba con una escuela ligada a la realidad cotidiana del niño, que proyectase valores como la justicia, la libertad y la democracia. Inició las clases procurando primeramente que los niños se conocieran a sí mismo, que pudieran describirse tanto física como psíquicamente. Se ayudaban unos a otros recordándose lo que no se habían dado cuenta. Eso fue lo que hizo la primera semana y le ayudó a crear un excelente ambiente en la clase.

A la semana del comienzo del curso el director le comunicó en un pequeño cuarto que hacía de despacho que una madre quería hablar con él.

─ No sé qué tema quiere hablar contigo, pero parecía un poco seria ─ le dijo.

(fragmento del relato "Querido maestro" del libro "Raíces de volcán dormido")
 
Félix Martín Arencibia